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"Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad". D.L. Córdoba

lunes, 1 de noviembre de 2010

·Tolerancia 0·

En la clase del pasado jueves 21 de octubre trabajamos el artículo Peligro: la cohesión social se agrieta de C. Morán.

La cohesión social se puede entender como el fenómeno que explica que los miembros de una determinada colectividad interactúen entre sí y con su contexto con el propósito de conseguir un fin común. Otro término de significante relevancia muy presente en el texto es “feminización de la pobreza”. Este concepto hace referencia al hecho de que, en la actualidad, la situación de pobreza aparezca más entre el colectivo de las mujeres que en el de los hombres por motivos como la desigualdad en los salarios y en los despidos laborales o el mayor porcentaje de responsabilidades económicas a las que tienen que hacer frente las mujeres.

A raíz del debate del texto, surgió uno de los temas que, valga la redundancia, más debate genera en nuestra sociedad actual: la tolerancia. Lo más peculiar de este debate se halló en la visión que se le dio a la palabra tolerancia. ¿De verdad somos tan tolerantes cómo presumimos ser? No puedo evitar acordarme de cómo en un debate de una clase del año pasado, si no recuerdo mal, de la asignatura de Estructura social contemporánea andaluza, una compañera fue casi tachada de intolerante por una malinterpretación de una serie de comentarios relacionados con el tema del burka en las instituciones escolares. Si tolerancia significa respeto de opinión, yo me planteo: ¿por qué condenamos a las hogueras de miradas de desprecio justo y señalamientos con el dedo a cualquiera que presente el mínimo atisbo de misoginia, xenofobia, homofobia, etc. y presumimos luego de tolerantes?, ¿hasta qué punto somos tolerantes?, ¿Hasta qué punto conviene ser tolerante?...

Otro tema abordado en el artículo estudiado es la insuficiencia del universal sistema de protección social español. Como dice F. Lorenzo: “es necesaria una mayor inversión en derechos sociales”. Aunque la realidad sea más compleja que la teoría, la regla sigue teniendo utilidad: a mayor inversión en formación y empleo, mayores beneficios económicos y más calidad de vida. Si esto no ocurre, la pobreza y la exclusión social seguirán más que presentes en nuestra realidad. Pobreza que, como también se trata en el texto, no es exclusión pero puede llevar a ella.

Porque, si algo queda claro es la diferencia entre pobreza y exclusión social, la primera hace referencia a la escasez económica y la segunda se relaciona con la situación de marginación y de desigualdad de oportunidades, y que la tolerancia puede ser tan “tolerante” como aquel que la aplica considere.

1 comentarios:

Almudena Martínez Gimeno dijo...

Buena reflexión

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