En primer lugar, la utilidad que tuvo a nivel informativo. Aunque fue poca la teoría que se trató, ésta se expuso de forma clara y fue la básica y la más relevante. Del testimonio de Margui se extrajo información sobre de los Centros de Menores desconocida hasta el momento y de gran valor profesional. Algunos de estos datos de interés fueron: los prejuicios y estereotipos que giran en torno a los centros de menores; la legalidad y valoración moral de las medidas empleadas en la misma; aspectos legales, de financiación, y de formación de sus profesionales; la distinción entre centros de protección y centros de reforma; la estructura administrativa en la que estos centros se encuentran; el proceso de detección y de entrada de un menor en un centro; los Equipos de Tratamiento Familiar (E.T.F.); los tipos de centros de protección; la diferencia entre situación de desamparo y situación de riesgo; la labor investigativa del menor “Observatorio de la infancia”…
Sin embargo, aunque Margui facilitó bastante información sobre su lugar de trabajo, no dijo su nombre. Tras buscar en Internet y leer varios foros, con la intención de saber si existe algún centro de menores en mi localidad o en otros pueblos cercanos, deduzco que, por motivos de seguridad de los menores residentes en los mismos, esta información no puede ser divulgada indiscriminadamente.
Por otra parte, Margui consiguió con su exposición lo que, según ella, Almudena le propuso: “hacernos pensar”. Casi al final del seminario, Margui habló sobre varios aspectos de su día a día en su trabajo: las funciones que desempeña, las situaciones de los menores con los que trabaja, algunas de sus satisfacciones y frustraciones profesionales… Y aunque ya sabíamos desde mucho antes de empezar la carrera lo emocionalmente duro que puede resultar esta ocupación profesional, ayer las palabras de Margui calaron tan hondo que por primera vez llegué a cuestionarme mi capacidad para hacer frente en un futuro próximo a tal situación de sobreexplotación laboral y sacrificio y perjuicio personal. La sensación de no estar completamente preparado ni formativa ni psicológicamente, generó en mí pavor e inseguridad.
No obstante, la situación que Margui describió suscitó en mí un interés hacia su cargo muy paradójico. Hasta hace pocas horas, “menores” era un colectivo, con el que trabajo como voluntario desde hace un tiempo, pero que dentro “del saco de preferencias” de mi futura especialización profesional no destacaba por encima del resto de colectivos. Ahora, el hecho de conocer adecuadamente un puesto laboral a desempeñar con este colectivo y de saber algo de esta salida profesional, hace que menores me resulte más atrayente profesionalmente hablando y aumente la probabilidad de tomar contacto con el mismo, desde esta salida que es los centros de menores, cuando trabaje como educador social.
Por último, hacer referencia al largometraje Fuerte apache (2007). Esta película de Mateu Adrover cuenta la historia de Toni, un educador de un centro tutelar de menores catalán que siente una gran apatía tras muchos años de ejercicio profesional. El interés de este largometraje radica no sólo en la historia de su protagonista, sino también en que supone un acercamiento, aunque sea leve y un poco distorsionado, a la realidad de los centros de menores de otra comunidad autónoma, legislativa y administrativamente, más avanzada en este tema.


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