SUBTÍTULO

"Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad". D.L. Córdoba

sábado, 11 de diciembre de 2010

Orgullo...

Hace tres semanas, en la sesión del pasado jueves 25 de noviembre se mencionó, a raíz del debate acerca de la definición de marginación y de pobreza, un sentimiento que supone uno de los mayores obstáculos en la evolución humana: el orgullo.

Tal exceso de estimación por lo propio conlleva, en la mayoría de ocasiones, mantener una postura inflexible ante aquellas cosas que contradicen las propias concepciones. El problema se halla en que muchas personas confunden tener orgullo con tener principios. Esto desencadena que el individuo actúe de forma incoherente con sigo mismo en público y aparente estar inmerso en una situación muy realista pero poco real que repercute directa o indirectamente en sí mismo y en su entorno.

No se puede obviar, por otro lado, la cuestión que concierne a averiguar el motivo que hace que tal actitud se adopte a sabiendas de que no supone beneficio de ningún tipo para el ser humano. La respuesta a esto se puede encontrar en el hecho de que es evidente que a la mayoría de las personas no le es grato asumir aquellas verdades que consisten en un empeoramiento de su situación, y más cuando tal cambio va acompañado de la sensación de inferioridad y falta de autonomía que genera el necesitar de algo o alguien para atender dicha situación.
Este factor negativo cuyo origen está en la propia persona resulta un condicionante crucial en una situación de desadaptación social que, por lo general, tiende a dificultar cualquier intervención, llevada a cabo por el propio individuo o por otras personas, dirigida a acabar con la problemática existente. El orgullo, pese a ser su presencia en la situación de desadaptación más que indiscutible, es obviado por muchos, y por consiguiente, poco considerado a la hora de abordar la intervención. Es por esto por lo que se debe tener muy en cuenta la premisa de trabajar para lograr que las personas estén satisfechas con lo que tienen y, así, no tengan impedimentos a la hora de acceder a los recursos que la sociedad le brinda para adaptarse a ella.

Teorías y Modelos

Para estudiar e intervenir correctamente sobre un fenómeno es necesario, primero, conceptualizar el mismo de tal forma que se consiga conocer qué es, cómo y por qué se produce. Esta información no se obtiene analizando sólo las manifestaciones externas del mismo. Sin embargo, tradicionalmente, y en parte también a día de hoy, es esta última premisa la que se ha tenido en consideración en las diversas teorías a la hora de definir la desadaptación así como sus modelos de intervención.

Teniendo esto en cuenta, y continuando con la entrada anterior, cabe mencionar el papel que han jugado las corrientes filosóficas del Liberalismo y del Positivismo en materia de pensamiento criminológico en la Escuela Clásica y en la Escuela Positiva, respectivamente, Ambas corrientes son dos formas bien distintas de acercarse a la desadaptación.

Por un lado, la Escuela Clásica se caracteriza por: tiene sus inicios en la Ilustración; las ideas en las que se sustenta la conducta humana y, por consiguiente, la desadaptación son el libre albedrío, el hedonismo y la racionalidad; introduce la pena o castigo, fundamentados en la retribución, la proporcionalidad del delito y la pena y la disuasión (esto es el castigo como escarmiento para el individuo y ejemplo para los demás, a modo de prevención general).

Por otro lado, de la Escuela Positiva cabe señalar: nace en el siglo XIX; se fundamenta en el determinismo: las personas no somos libres de actuar, sino que nuestros actos están condicionados bien por uno mismo, por su naturaleza, o bien por su entorno; introduce el tratamiento individualizado y otras alternativas a la pena privativa de libertad.

Recientemente, surge otra corriente que cuestiona los planteamientos clásicos: la Escuela Crítica. Según esta, ni el castigo ni la rehabilitación son útiles para tratar las situaciones de desadaptación si no se da un cambio en las estructuras sociales.Otros autores hacen una clasificación en cuatro grandes fases, acontecidas algunas simultáneamente, a la hora de hablar de la respuesta social a la desadaptación: fase represiva (se introduce al pena y las ideas del liberalismo); fase de beneficencia (en sus inicios, fuera de España aparece el “welfare” o Bienestar Social); fase terapéutica, técnica o de trabajo de casos; y fase crítica o de trabajo comunitario. No obstante, la introducción de ideas neoliberales está suponiendo el resurgimiento de posturas represivas y penalistas.

A raíz de lo anterior se distinguen las siguientes teorías, base de las distintas formas de intervención (pinchar el link):


Todos estos modelos, a la hora de llevarlos a la práctica, tendrán en consideración si la población desadaptada son personas en situación de riesgo social o en conflicto social, pues la casuística de cada uno de esos grupos es distinta y el planteamiento del tratamiento puede hacerse desde diversos enfoques.

Uno de los más recientes modelos surge tras las investigaciones de Ross y Fabiano, los cuales ante la frase de Martinson “nothing works” (nada funciona), se preocupan por agrupar las intervenciones que sí funcionan y con resultados satisfactorios. Según estos autores, el factor clave está en entender como una causa pasa de ser inicial de una situación problemática actual a definitiva. Su Modelo para la Rehabilitación se establece teniendo en cuenta: el tipo de técnicas de intervención, el perfil de los profesionales de la misma, la naturaleza de las relaciones entre los profesionales y los individuos, el grado de atención a los factores sociales y económicos y la intensidad y duración de los programas.

Referentes

En la sesión del pasado jueves 2 de diciembre, en la clase se abordó la teoría del tema 2.

Aunque, para la comprensión de la explicación que la profesora proporcionó era necesaria la previa lectura de documentos obligatorios de este tema, yo no pude hacer esto y, por consiguiente, me costó entender la mayor parte de los contenidos que en la clase se trataron.

Afortunadamente, una vez analizadas las lecturas, e intentado relacionar el contenido de las mismas con lo que recordaba de lo expuesto en clase, he podido acercarme al cocimiento de los distintos referentes, perspectivas, escuelas y teorías que a lo largo de la historia se han preocupado por delimitar conceptualmente el fenómeno de la desadaptación, así como por buscar sus causas y planear modelos de intervención apropiados y efectivos.

En primer lugar, se observa que tanto Amorós y Ayerbe como Guasch y Ponce clasifican los distintos referentes o puntos de partida de las distintas teorías explicativas en cuatro tipos:

  • El referente normativo, según el cual la desadaptación es resultado del desacato a la norma que la sociedad establece;
  • El referente aptitudinal, en el que el desadaptado es aquel que por causa de enfermedad, deficiencia intelectual y problemática afectiva o comportamental no puede insertarse autónomamente en su medio. Las críticas realizadas a este referente se argumentan en el hecho de, por un lado, rechazar el carácter transitorio de estas causas de desadaptación y, por otro lado, obviar que existen sujetos que no presentan ninguno de estos rasgos y también pueden ser desadaptados sociales;
  • El referente interactivo, parte de la idea de que la desadaptación se produce a raíz de una comunicación rota, distorsionada o inexistente entre el individuo y el miedo, bien causada por el primero o por el segundo. Esta situación de comunicación no enriquecedora o conflictiva genera: conformismo pasivo (evitación de conflictos entre la persona y la sociedad. Esta relación no constructiva ataca la individualidad, que no individualismo, la libertad y la autonomía, acabando con el sentido crítico personal), la retirada o retraimiento (evita el enfrentamiento con aislamiento o abandono), y la conducta antisocial objetiva (se expresan conductas y actitudes de enfrentamiento, violencia…);
  • El referente cultural de Guasch y Ponce y el referente centrado en la especificidad humana de Amorós y Ayerbe. En la definición de estos últimos referentes, las parejas de autores no coinciden. Así, Amorós y Ayerbe consideran con este referente que el desadaptado es el individuo que fracasa en la realización de sus proyectos o no tiene éxito al crear las condiciones que responden a la concepción que se hace de sí mismo. Por otro lado, Guasch y Ponce argumentan la desadaptación en el conflicto entre culturas. A raíz de esto, se crean teorías que afirman que la conducta desadaptada se aprende en contacto con otras personas desadaptadas. No obstante, está demostrado que esta situación no tiene por qué ser exclusivamente así dado que existen personas desadaptadas que no tienen ni han tenido contacto con otras personas desadaptadas y, además, el motivo de desadaptación puede ser la modificación a modo de inversión de las normas de la cultura “no desadaptada”.

lunes, 6 de diciembre de 2010

De conceptos va el asunto III y última

Completando la entrada anterior, hay otros conceptos que aunque no se trataron en la clase del pasado jueves 25 de noviembre, sí que se les hacía referencia en las lecturas.

Me llama la atención la cantidad de términos relacionados con la pobreza y la facilidad para construir los mismos. Uno de ellos es el de “pobreza encubierta” para hacer referencia al hecho de no reconocer una situación de pobreza por quien o quienes la padecen, por vergüenza, o por la sociedad. Otro es el de “cultura de la pobreza” para mencionar la transmisión de generación en generación de dicha situación, de la cual cada vez es más difícil escapar. Actualmente, los principales factores que, a grosso modo, favorecen la aparición de este fenómeno son el agotamiento del modelo de pleno empleo, los cambios en las estructuras familiares y en los ciclos vitales y la ruptura del consenso en torno a las estructuras del bienestar social. El “umbral de pobreza” es ese intento cuantitativo de control de la pobreza que sirve para medirla y establecer distintos grados de la misma (pobreza relativa, pobreza absoluta…). Es curioso, pues, que se siga estimando la pobreza en base a términos cuantitativos cuando el Consejo de las Comunidades Europeas genera en 1984 una nueva visión de la idea de pobreza como algo no sólo económico, y por tanto no solo numérico…

Otros dos cálculos son el Índice de Desarrollo Humano y el Índice de Gini. El primero, creado por la ONU, indica los avances promedio de un país a partir de la esperanza de vida, la educación formal y el PIB per cápita. El segundo, creado por la UE, informa si la distribución de ingresos en un país es equitativa o cuánto se aleja de serlo.

En cuanto a los programas sociales contra la pobreza y la exclusión social, nos centraremos en los Planes Nacionales de Acción para la Inclusión Social (PNAIS), derivados del Programa Europeo de Lucha contra la Exclusión Social. Dentro de estos, los “salarios sociales” o rentas mínimas que cada Comunidad Autónoma presta a los ciudadanos tienen la finalidad de proveerles en situaciones graves o de necesidad con una ayuda económica sumada a una intervención social que favorezca su integración. Cabe decir de esa medida que, según la investigación realizada por Cáritas (eso sí, hace casi quince años), aquellas personas que recibieron esta ayuda demostraron una mejoría en sus condiciones de vida y en la participación en actuaciones complementarias de inserción, y que solo un número muy limitado usaba recurrentemente dicha prestación.