Para estudiar e intervenir correctamente sobre un fenómeno es necesario, primero, conceptualizar el mismo de tal forma que se consiga conocer qué es, cómo y por qué se produce. Esta información no se obtiene analizando sólo las manifestaciones externas del mismo. Sin embargo, tradicionalmente, y en parte también a día de hoy, es esta última premisa la que se ha tenido en consideración en las diversas teorías a la hora de definir la desadaptación así como sus modelos de intervención.
Teniendo esto en cuenta, y continuando con la entrada anterior, cabe mencionar el papel que han jugado las corrientes filosóficas del Liberalismo y del Positivismo en materia de pensamiento criminológico en la Escuela Clásica y en la Escuela Positiva, respectivamente, Ambas corrientes son dos formas bien distintas de acercarse a la desadaptación.
Por un lado, la Escuela Clásica se caracteriza por: tiene sus inicios en la Ilustración; las ideas en las que se sustenta la conducta humana y, por consiguiente, la desadaptación son el libre albedrío, el hedonismo y la racionalidad; introduce la pena o castigo, fundamentados en la retribución, la proporcionalidad del delito y la pena y la disuasión (esto es el castigo como escarmiento para el individuo y ejemplo para los demás, a modo de prevención general).
Por otro lado, de la Escuela Positiva cabe señalar: nace en el siglo XIX; se fundamenta en el determinismo: las personas no somos libres de actuar, sino que nuestros actos están condicionados bien por uno mismo, por su naturaleza, o bien por su entorno; introduce el tratamiento individualizado y otras alternativas a la pena privativa de libertad.
Recientemente, surge otra corriente que cuestiona los planteamientos clásicos: la Escuela Crítica. Según esta, ni el castigo ni la rehabilitación son útiles para tratar las situaciones de desadaptación si no se da un cambio en las estructuras sociales.Otros autores hacen una clasificación en cuatro grandes fases, acontecidas algunas simultáneamente, a la hora de hablar de la respuesta social a la desadaptación: fase represiva (se introduce al pena y las ideas del liberalismo); fase de beneficencia (en sus inicios, fuera de España aparece el “welfare” o Bienestar Social); fase terapéutica, técnica o de trabajo de casos; y fase crítica o de trabajo comunitario. No obstante, la introducción de ideas neoliberales está suponiendo el resurgimiento de posturas represivas y penalistas.
A raíz de lo anterior se distinguen las siguientes teorías, base de las distintas formas de intervención (pinchar el link):
Todos estos modelos, a la hora de llevarlos a la práctica, tendrán en consideración si la población desadaptada son personas en situación de riesgo social o en conflicto social, pues la casuística de cada uno de esos grupos es distinta y el planteamiento del tratamiento puede hacerse desde diversos enfoques.
Uno de los más recientes modelos surge tras las investigaciones de Ross y Fabiano, los cuales ante la frase de Martinson “nothing works” (nada funciona), se preocupan por agrupar las intervenciones que sí funcionan y con resultados satisfactorios. Según estos autores, el factor clave está en entender como una causa pasa de ser inicial de una situación problemática actual a definitiva. Su Modelo para la Rehabilitación se establece teniendo en cuenta: el tipo de técnicas de intervención, el perfil de los profesionales de la misma, la naturaleza de las relaciones entre los profesionales y los individuos, el grado de atención a los factores sociales y económicos y la intensidad y duración de los programas.